Primeros edificios escolares: adobe y ladrillo bajo la misma bandera

Escuela rancho ubicada en el Fortín Ñorquín, 1886. Fuente: Sistema Provincial de Archivos.

Capital Federal vs. ¿interior?

Desde la creación en 1884 de la primera escuela rancho en Neuquén y hasta nuestros días, la edificación escolar ha pasado por muchas etapas en nuestra provincia y en la Argentina. En este devenir llama la atención que la realidad edilicia de los establecimientos escolares en la mayoría del Territorio Nacional y algunas provincias era muy distinta a la de Capital Federal: mientras que en los territorios predominaban las construcciones de paja y barro (en Neuquén, además, debemos agregar que se empleaba el coirón), en la ciudad de Buenos Aires lo hacían las construcciones de ladrillo.

Esta designación de recursos para las construcciones de establecimientos educativos estuvo siempre presente en el pensamiento liberal de Sarmiento. En su obra La Educación Popular Argentina[1] no sólo pensaba en los contenidos pedagógicos, opinó también sobre cómo debía ser el espacio para la enseñanza:

“Nuestras escuelas deben […] ser construidas de manera que su espectáculo, obrando diariamente sobre el espíritu de los niños, eduque su gusto, su físico y sus inclinaciones. No solo debe reinar en ellas el más prolijo y constante aseo (…) sino también tal comodidad para los niños y cierto gusto y aun lujo de decoración, que habitúe sus sentidos a vivir en medio de estos elementos indispensables de la vida civilizada”

(Sarmiento, 1949: 235)

 Como puede observarse, para Sarmiento la arquitectura debería estar al servicio de la educación, conformando los espacios necesarios para educar desde lo físico, lo espiritual y lo intelectual. A pesar de ello, había diferencias notables entre las construcciones de la capital con las del resto del país.

En el marco del Plan Escolar de 1899 se diseñaron en Buenos Aires las escuelas que hoy denominamos «Sarmientistas» y que fueron proyectadas por el arquitecto Carlos Morra. Estos edificios escolares buscaron la magnificencia y el lujo como principios para la enseñanza e incorporar en la educación las nuevas tecnologías de la época. Un ejemplo de ello es el edificio de la escuela presidente Roca en Capital Federal, un verdadero templo grecorromano del saber inaugurado en 1903. Allí se materializaron los ideales educativos que marcaron a la generación del ‘80.

Escuela Presidente Roca, en Buenos Aires. Fuente:

https://www.argentina.gob.ar/cultura/monumentos/escuela-presidente-roca

Las voces de quienes “hacían patria” en territorio

Como dijimos, el contraste con las escuelas territorianas es abismal. Desde el inicio del siglo xx y por varias décadas, los inspectores del territorio mantenían el mismo reclamo sobre el estado de los edificios y la falta de presupuesto para la educación, sumado a eso la falta de buenos caminos o la ausencia de los mismos al igual que los puentes inexistentes hacían muy difícil la tarea de transportar materiales para la construcción de escuelas cómodas e higiénicas.

El Maestro Raúl B. Díaz fue el primer Inspector de los Territorios Nacionales. Nombrado en 1890, estuvo en funciones hasta 1916. Veamos qué decían sus informes al Consejo Nacional:

1894: «… No he encontrado en esta gobernación más que una sola escuela, la de Chos Malal, con 35 niños presentes. La de Ñorquín y de Junín de los Andes sólo existen en el presupuesto y en nuestros libros de estadísticas. He aquí lo que debe preocupar al Consejo Nacional: 1º apertura de las escuelas de Ñorquín y Junín de los Andes, 2º mantenimiento en buen pie de esas dos escuelas y la de Chos Malal…»

En dicho reporte hace una descripción geográfica y da detalles de la ciudad. Posee once casas de negocios, una escuela mixta, una municipalidad que no cobra impuestos, una iglesia y un juzgado de letras. Una ciudad «… sin otras comunicaciones que las penosas de a caballo, sin servicio regular de correos y sin telégrafo, Neuquén permanece desligada de la República culta. …» [2]

Continúa Raúl B. Díaz realizando una descripción del edificio escolar de la escuela de Taquimilán:

1895: «Se ubica en un paraje denominado Los Manzanos, y funciona en una estrecha cabaña de carrizo y coirón que no protege a los niños de las lluvias, el frío y el viento. En esa estrecha, baja y agujereada choza encontré, el 12 de octubre, treinta montañeses analfabetos sentados de a dos en un banco y rodeados de útiles que usan en las escuelas de la ciudad de Buenos Aires. Un maestro que ha cursado tres años de estudio en la escuela normal de Paraná, les enseñaba a hablar por medio de hábiles ejercicios de lenguaje y modales cultos para ellos desconocidos. Pocas veces he presenciado en las lejanas fronteras del país un contraste tan grande entre la civilización y la barbarie, entre la grandeza del ideal y la pobreza de los medios para realizarlo…»[3]

Estos “contrastes” a los que alude Díaz responden a muchos factores, entre los que se destaca la dificultad en el envío de suministros y materiales a los territorios –baste pensar solamente en el caso del territorio del Neuquén, anegado por dos ríos verdaderamente muy caudalosos.

En 1904, el Inspector vuelve al Territorio de Neuquén. En su minucioso informe da cuenta de las dificultades para llevar adelante su labor en la que priorizaba la infraestructura.

Se refiere también a las facultades que tiene para tomar medidas necesarias para mejorar el servicio de las escuelas del territorio:

“La edificación fue mi preocupación primera:

El mes de mayo, precursor del invierno andino, había de llegar pronto con sus fríos, lluvias, heladas y nieve: ya, no habría carrizo con que techar y sería difícil, cuando no imposible, cortar adobes, traer madera de la Cordillera o de otros puntos y encontrar obreros. Para entonces, debía improvisar casas donde no las había, transformar en locales

abrigados y limpios algunos ranchos destruidos, refaccionar otros dándoles comodidad.”

Haciendo referencia a distintas escuelas, Raúl Díaz manifestaba sobre ellas los siguiente:

“La labor de estos prohombres de la educación no tenía descanso. Tanto en territorio como en la tramitación ante Buenos Aires solicitando lo que hacía falta en el interior del país.[4] 

Veamos ahora cómo gestionaba edificios para educación, cómo describía las realidades, cómo accionaba para acondicionar viviendas en verdaderas escuelas:

Chacay Melehue

“El antiguo salón de clase, piso de tierra, lleno de pozos, obscuro, casi destechado, sucio y sin cerraduras se transformó en otro: seguro, alegre, higiénico, decente. Es la única casa de Chacay Melehue que tiene piso de ladrillo, ventanas con vidrieras y que yendo por el camino de las minas de Milla Michicó, se ve blanquear al pie de la nevada Cordillera del Viento

Neuquén

  “Alquilé a los señores Linares y Cía, una casa compuesta de un saloncito, un pequeño cuarto y cocina por la suma de 30 pesos moneda nacional, debiendo dichos señores blanquearla, poner piso de tabla, hacer una letrina y componer las puertas y ventanas.”

Chos Malal

“El 1º de abril mudé la escuela de niñas a una casa de seis piezas cómoda, higiénica y segura perteneciente al Coronel Don Manuel Olascoaga después de haberla hecho componer, blanquear y pintar.

En el edificio fiscal de la escuela de varones mandé componer el techo y los pisos revocar y pintar las paredes por dentro y fuera, nivelar y enladrillar una parte del patio, hacer una letrina y cercar el solar con adobón.

Habiéndose trasladado la Capital del Territorio a la Confluencia creí prudente aplazar la construcción de la otra nave del edificio…”

Escuela de Chos Malal de varones. Fuente: Monitor de la Educación Común.  

Taquimilán

“Utilizando los muros del local destruido hice una casa nueva, compuesta de un salón espacioso, alto, tiene buen techo de carrizo y barro, piso de baldosa dos puertas y tres ventanas grandes por las que entra abundante luz.”

Los Menucos

“La casa estaba en ruinas y como se pagaba por ella 30 pesos mensuales, me limité a gestionar con su dueño el Señor Antonio Guarú su reedificación.

San Martín de los Andes

“La escuela ocupa una casa particular de madera, fría y desmantelada…. Mandé a construir una casa nueva para la escuela porque el comandante, Don Eduardo Reybeau, jefe del Regimiento 3º de Caballería de línea cobraba 1000 pesos y no le convenía alquilarla en ese estado.”

El inspector Díaz pertenece a una casta de hombres de fortaleza y capacidad de trabajo extraordinarias, como queda plasmado en cada acto que tomó y que dejó escrito:

“Al terminar estos dos capítulos que tratan de la parte material de la escuela, debo decir que queda convertida en hecho o grabada en el alma del maestro y de algún buen vecino, esta aspiración: Que el caminante distinga desde lejos a la escuela pública por el blanqueo, el escudo y la bandera nacional. Que, entrando, reciba en ella una sensación de comodidad de alegría y vida.”[5]

Veamos un poco más acerca de la visión de Díaz informada a las autoridades en Buenos Aires, respecto de las dificultades del territorio:

“También las escuelas tenían la necesidad de amoblamiento y la logística necesaria para el aprendizaje. Difícil es para aquel que no conoce el Neuquén, especialmente la parte occidental, apreciar con exactitud lo que cuesta llevar banco, un armario, un cartel o un libro de lectura a un escolar andino. Además del alto flete el inspector debe allí transformarse en arriero, a veces en peón; pero en arriero que va tendiendo modestos hilos de conocimiento entre los hijos de la montaña”.

Sin dudas que las características del Territorio Neuquino eran especiales: clima, geografía y la falta de caminos e infraestructura como ya lo hemos mencionado son los más importantes escollos. Por ello, Raúl B. Díaz clasificó de la siguiente forma a las escuelas de la región:

“Tres tipos de escuela diurna requiere pues el Neuquén: La escuela fija llamada a desarrollarse en las principales poblaciones:  la instable que cada dos o tres años iría a la caza de analfabetos por las incipientes poblaciones fijas y la que acompañaría a la población errante en su doble movimiento de veranada e invernada.”[6]

Como vemos, la falta de edificios propios para los Inspectores no fue un escollo para avanzar con la misión de la lucha contra el analfabetismo y la argentinización del territorio, especialmente en la Patagonia. Por ese motivo se alquilaban casas y se las refaccionaba ya que en su mayoría eran ranchos que se distinguían por el blanqueado, el escudo y la bandera. La Ley Laínez de 1905, cuyo autor fue el Senador Manuel Laínez, reforzó los conceptos e ideales de la Ley 1420:  El objetivo era lograr la unidad nacional a través de una educación común que disciplinara a la sociedad en formación en la que había que integrar a criollos, indígenas e inmigrantes pero la infraestructura no era lo único que hacía la diferencia entre los habitantes del Territorio.

Otro gran ejemplo de esta casta de prohombres es el inspector de escuelas Gregorio Lucero, gran recorredor y conocedor de nuestro territorio. Los registros de su paso y gestión han quedado plasmados en los informes a Nación y en los libros históricos de las escuelas, como a continuación se detalla:

Las Ovejas

1907: «…Al iniciarse, 40 niños oían la palabra de un maestro llamado José María Comellas, 26 varones, 14 niñas sin el blanco guardapolvo ciudadano, sino vistiendo harapos y calzando chalas, estaban de pie frente al emblema azul y blanco. Pobrísimas almas, pero mucho entusiasmo, contaba el sr. Comellas al iniciar esta lucha contra el analfabetismo. Un pequeño pizarrón y una tiza de yeso extraída de la localidad, fue el único material de enseñanza que pudo disponer este maestro hasta el 28 de septiembre de 1907, día en que recibe lo más indispensable para llevar a cabo con ciertas comodidades la labor escolar»[7]

En el año siguiente don Gregorio Lucero vuelve a visitar la escuela que se encuentra bajo la misma dirección:

1908: «… Con el material más imprescindible funciona en un edificio más cómodo, propiedad del Sr. Domingo Antonio Merino …» [8]

1908: «…El 7 de Julio de 1908 la escuela se traslada a un nuevo local[9]

Escuela primaria 331 de Caepe Malal

Edificio: Comenzó a funcionar en la margen izquierda del Río Curileuvú a 2000 m del actual edificio en una estructura precaria. En 1929 se traslada a la margen derecha del río en una casa de adobe y paja donada por Domingo Sotomayor (actualmente funciona el Museo Comunal). El 11 de abril de 1953 se traslada a 100 metros inaugurando el nuevo edificio del Plan Quinquenal[10].

Vista de la antigua escuela de Caepe Malal que fue refaccionada y conservada. Hoy allí funciona el Museo Arqueológico Ana María Bisset. Fuente: Sitio Oficial Turismo de Neuquén.

Los Molles

Fecha de creación: 16 de septiembre de 1901

1901: el 16 de septiembre «…procedí a la instalación de la escuela de El Manzano o Campana Mahuida, donde reuní 36 niños de ambos sexos, pero tuve que clausurarla al día siguiente por renuncia de la maestra, Señorita Aurora Encina…» p. 395.

1901: se determina nombrar un encargado escolar, debido a la enorme distancia que lo separa del Consejo Escolar, a Juan San Martín. p. 396.

Edificio: En 1901«… hay un espacioso salón sin blanqueo y sin puertas…» p. 396.[11]

1941: se hace efectiva la compra de la casa adquirida para la escuela.

1923: se localiza en Los Molles.

1933: se localiza en Cerro La Parva.

Como vemos, hacia 1933 la escuela de Los Molles seguía teniendo deplorables condiciones. En el derrotero del establecimiento podemos observar que se la trasladó varias veces a distintos parajes. Era habitual que las escuelas sufran traslados, cierres y clausuras temporarias situaciones motivadas por despoblamiento, epidemias, renuncias de docentes o falta de ediicios en condiciones.

Escuela de Los Molles. Fuente: Libro histórico de la escuela.

Los Molles, 1923. Se puede observar que se trata (todavía) de una construcción de “escuela rancho”. En documento fotográfico de la Escuela Nº 79, podemos observar un cartel detrás de los alumnos con escritura manuscrita se lee el año 1923 y el Nº 42 del establecimiento. Fuente: Libro Histórico de la escuela.

Vilu Mallín

“Por la casa de la escuela se pagaba $20 de alquiler a la sucesión Pizarro. Pero sabiendo que el dueño actual es don Alejandro Sorondo, pedí al Consejo Escolar gestionara su donación. He aquí lo que contestó dicho señor al secretario da Rocha:

“Las Lajas, 9 de marzo de 1904.-Sírvase significar ese Consejo, Señor gobernador, que accedo gustoso a la petición sobre transferencia al consejo nacional de la casa ocupada en Vilú Mallín, satisfecho de poder contribuir, con ello, a beneficio de los intereses del territorio”.  Firmado: Alejandro Sorondo.

El estado deplorable de esta casa, me indujo a contratar la siguiente obra: cambiar el techo del salón de clase y de la pieza destinada al director, poner tres tirantes con las tijeras respectivas; sacar una columna de adobes del centro del salón de clase que sostenía el techo; poner piso al salón y blanquearlo, lo mismo que la pieza del director; revocar exteriormente un costado de las paredes del lado exterior; poner cerraduras y pasadores, componer y pintar diez bancos, las puertas y ventanas.” [12]

Escuela de Vilu Mallín. Fuente: Archivos Histórico Provincial.

Otro emblemático Inspector fue Próspero Alemandri, quien también habló de los edificios al crear escuelas en 1922.

En su libro Notas sobre Enseñanza[13], dice:

“La escuela ha llegado a sus chozas de adobe y de barro para vincular a sus habitantes, sus habitantes que parecen más bien legionarios de pobreza y de amargura, con las manifestaciones de la civilización y el progreso. Y se ha instalado en construcciones primitivas carentes  de los elemental.”

Fuente: Alemandri, Próspero G. Notas Sobre Enseñanza. Pág. 22 y 23.

Zapala

Edificio: El primer edificio que ocupó la escuela Nº 3 en Zapala fue donado por el vecindario. Se realizó una colecta con la que se construyó un salón en el terreno que donaron los señores Trannack, en la avenida San Martín. [14]

1916: Se costeó la construcción con fondos de una contribución popular.[15]

1919: «…Comprobamos que se habían hecho algunas obras, como la construcción de un tabique para dividir en dos aulas el único salón de la escuela…» Inspección General 194 [Informe]

 1937: «… A raíz de que el edificio se encontraba en pésimas condiciones pasó a ocupar dos dependencias en la Inspección, otras dos en la casa del director de la escuela Nº 1 y otro grupo en el edificio de la Sociedad Italiana.

1938: se dispone el desalojo y entrega del local, propiedad del señor Martín Etcheluz, donde funciona la escuela. En el mismo expediente encomienda la búsqueda de otro lugar.[16]

1938: figura entre las escuelas en el Plan de Edificación Escolar para 1938. [17]

1942: «… La Capital, Zapala, Junín y San Martín de los Andes, el resto del territorio permanece estacionario, sus habitantes solo cosechan lo indispensable para mantenerse. Las viviendas, no parecen hechas de adobe, sino de barro sin argamasa alguna. Son angostas, mezquinas y oscuras. Las ventanas escasas y pequeñas. El suelo sin enlosar. Suelo de tierra que no puede lavarse.[18]

Las escuelas en su casi totalidad se instalaron en este género de locales cedidos gratuitamente y, a veces, alquilados…». [19]

1944: se agradece a la municipalidad la cesión de un local para el funcionamiento de un grado de la escuela Nº 3.[20]

En 1949 se inauguró el edificio actual, en el marco del Plan Quinquenal argentino, fue un procedimiento de planificación estatal argentino entre 1947 – 1952. Por medio del cual en el territorio de Neuquén se construyeron

Varios edificios escolares que aún están habilitados como por ejemplo la Escuela Nº 61 de Neuquén.

Escuela Nº 61, 1954. Fuente: Sistema Provincial de Archivos.

A manera de epílogo

Cuando se provincializó el territorio de Neuquén, existían 150 escuelas de las cuales 50 se erigían en ranchos alquilados por el Consejo Nacional de Educación. El gobierno provincial comenzó con la erradicación de las escuelas rancho, plan que le llevaría dos décadas aproximadamente. Fue un proceso paulatino, en el cual se intentó erigir edificios aptos y acordes a la necesidad y posibilidad de las localidades. El tren y los caminos fueron factores decisivos para alcanzar a todo el territorio con mejores infraestructuras.

Pero ¿todas las escuelas rancho fueron erradicadas? No. Hay una notable excepción, que llega, incluso, hasta nuestros días: la de la escuela Nº 128 de Bajada del Agrio. Esta perduración de casi 90 años –el establecimiento fue fundado en el año 1936– puede deberse a muchos motivos. Lo cierto es que el tiempo no ha podido con esta noble edificación de adobe, paja y madera.

La escuela primaria Nº 128 de Bajada del Agrio se encuentra complicada debido a lluvias recientes. Fuente: archivo personal de la Directora del establecimiento, prof. Patricia Morales.

Debajo de la mampostería puede verse el adobe original, que tiene casi un siglo. Fuente: archivo personal de la Directora del establecimiento, prof. Patricia Morales.

Directora y estudiantes del establecimiento. Fuente: archivo personal de la Directora de la escuela 128, Prof. Patricia Morales.

Bibliografía

Afione, Jorge. Recuerdos de la Ciudad de Zapala. Historias entre 1913-1920. 1995

Alemandri, Próspero. Notas Sobre Enseñanza. CABAUT y Cía. Editores; Librería del Colegio; Buenos Aires, 1934.Base de Historia de a Escuelas Primarias de Neuquén.

Sarmiento, D. La Educación Popular Argentina., (Buenos Aires: Lautaro, 1949) 1949. basada en la de Santiago, Imp. de Julio Belin y Cía., 1849

Fuentes electrónicas

La Avenida de Mayo: Historia y Arquitectura del Primer Boulevard Moderno de la

Ciudad de Buenos Aires. (1884 – 1894). Rodrigo Salinas.

https://www.lapostacapital.com.ar/index.php/75-barriales/8616-huellas-de-la-escuela-un-templo-grecorromano

https://buenosaires.gob.ar/educacion/gestion-cultural/huellas-de-la-escuela/noticias/edificio-de-la-escuela-presidente-roca-un

https://www.argentina.gob.ar/cultura/monumentos/escuela-presidente-roca

Monitor de la Educación Común. Buenos Aires BUENOS AIRES, AGOSTO 31 DE 1904 NUMERO 379 págs. 1229. 1230. 1231.1232.1235. 1236

p. 562. [Monitor Digital] – Argentina. Consejo Nacional de Educación. El Monitor de la Educación. Año 13; Nº 241. 1894.

Base Histo CeDIE


Referencias

[16] Monitor Digital pág. 125

[17] Monitor Digital pág. 98

[18] Actas del Consejo Nacional de Educación, 1942, pág. 234

[19] Actas del Consejo Nacional de Educación, ibídem

[20] Boletín Oficial, pág. 389

[14] Libro Histórico de la institución.

[15] Afione, Jorge. Recuerdos de la Ciudad de Zapala. Historias entre 1913-1920. 1995

[13] Alemandri, Próspero (1934). Notas Sobre Enseñanza. CABAUTI y Cía. Editores; Librería del Colegio; Buenos Aires.

[12] Monitor Digital pág. 1231.

[11] Monitor Digital, págs. 395 y 396.

[5] Raúl B. Díaz ob. Cit. pág. 1231-1238

[6] Raúl B. Díaz ibídem

[7] -1907 – [Libro Histórico del establecimiento]

[8] -1908 – [Libro Histórico del establecimiento]

[9] -1908 – [Libro Histórico del establecimiento]

[10] Libro histórico de la institución.

[4] Informe elevado por el Inspector Raúl B. Díaz al sr presidente del Consejo Nacional PONCIO VIVANCO.

BUENOS AIRES, AGOSTO 31 DE 1904 NUMERO 379. Pág. 1231.

[2] p. 562. [Monitor Digital] – Argentina. Consejo Nacional de Educación. El Monitor de la Educación. Año 13; Nº 241 .1894. Base Histo

[3] Inspector Raúl Díaz p. 562. [Monitor Digital]

[1] Sarmiento, D. (1949) [1era. ed. 1849] La educación Popular Argentina, Buenos Aires, Lautaro, 1949.


Comentarios cerrados.